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Publicado por en Cerebro, Salud | Comments

El sueño

El sueño

El sueño está probablemente dedicado a la eliminación de productos de desecho del sistema nervioso (y de otras partes, por supuesto), especialmente la acumulación de neurotransmisores y hormonas entre las células. Las células que han sido particularmente activas tendrán una mayor acumulación de sustancias. En el proceso de limpieza, las neuronas a menudo disparan “accidentalmente” a través de la noche, desencadenando secuencias de disparos. Algunas veces, por ejemplo, una persona en sueño profundo puede levantarse y realizar alguna función rutinaria como vestirse o hacer café – sonambulismo.

El sueño va en ciclos – primero se mueve rápidamente en un sueño profundo y restaurador, después vuelve hacia el despertar, entonces va de nuevo, y así. Presumiblemente, este patrón cíclico existe porque el sueño es algo peligroso para los animales, y es importante comprobar la situación de vez en cuando. En los animales sociales, es común que uno u otro individuo esté casi despierto en cada momento, y por tanto disponible para dar la alarma si fuera necesario.

Cuando hay luz, la información de los ojos va  a una región pequeña del cerebro (el núcleo supraquiasmático) e impide que libere una hormona llamada melatonina. Cuando está oscuro, la melatonina es liberada y nos dice que durmamos. Por esta razón, a algunas personas les gusta llamarla la “hormona de Drácula”, ya que solo aparece por la noche.

Fases del sueño

 Las diferentes partes del sueño nocturno tienen características distintas, las cuales han llevado a los investigadores a sugerir 4 etapas. La fuente de información más importante sobre las fases del sueño es el EEG (Electroencefalograma). Varios electrodos (pequeños discos metálicos) se fijan al cuero cabelludo y se graban los pequeños ritmos eléctricos de las neuronas en descanso. Tradicionalmente esto se hacía en hojas de papel continuo, pero hoy en día por supuesto, usamos ordenadores.

Cuando estamos despiertos y ocupados (al menos mentalmente), estas “ondas cerebrales” son desincronizadas, lo que significa que no muestran un ritmo claro. Se graban como marcas pequeñas, rápidas e irregulares en el papel EEG.

Aun así, bajo las marcas dentadas hay una base rítmica llamada ondas beta, las cuales tienen entre 13 a 17 ciclos por segundo (cps). Algunas veces, cuando estamos alerta pero por un momento no pensando en nada en particular, esas ondas se sincronizan, y podemos ver el patrón de ondas beta en el EEG.

Cuando empezamos a relajarnos y vaciar nuestra mente, empezamos a generar ondas alfa, de 8 a 12 cps. Esto es normalmente un estado muy placentero, tanto que alguna gente incluso ha hablado de un “estado alfa” como algo semejante a la meditación.

Fase uno: del sueño: las ondas empiezan a enlentecerse, y se vuelven ondas theta (de 4 a 7 cps). Además, entramos en un estado de parálisis flácida de los grandes músculos, lo cual significa que nuestros músculos se vuelven muy relajados y ya no responden más a mensajes motores del cerebro. Algunas veces, a la vez que nos movemos a lo largo de esta parálisis, nuestro cuerpo responde como si nos estuviésemos cayendo, y de repente tenemos una repentina sacudida llamada mioclonía.

Fase dos: el EEG muestra ondas theta cada vez más y más lentas. Además, ocasionalmente se ve un extraño patrón llamado huso del sueño, que cosiste en ráfagas de actividad muy rápidas, de 15 cps.

Fase tres: ahora vemos las ondas delta, muy lentas, de 3 cps y menos aun.

Fase cuatro: el sueño más profundo, es donde es más común encontrar terrores nocturnos y sonambulismo. Los terrores nocturnos son periodos de extrema activación emocional que raramente está acompañada de imágenes (como en los sueños y las pesadillas). El sonambulismo es cuando una persona se levanta de la cama y vaga por los alrededores, a veces realizando actividades rutinarias como vestirse. Esto es común en los niños, y los padres ocasionalmente encuentran a sus hijos esperando el autobús en pijama. Obviamente no hay parálisis en la fase cuatro. Normalmente no es necesaria.

En una noche media, podemos pasar por cuatro o cinco ciclos de fases, cada cual toma sobre 90 minutos. Normalmente cada ciclo es menos profundo, de forma que la mayoría de nuestro sueño profundo de fase cuatro ocurre en la primera mitad de la noche. El sueño REM (donde experimentamos los sueños) ocupa cerca del 20 % del sueño total, en cuatro o cinco sesiones. Aunque, a no ser que realmente nos levantemos, rara vez recordamos las primeras tres o cuatro sesiones de sueños.

Sueños

A medida que estamos más cerca del despertar durante estos ciclos, somos capaces de desarrollar memorias de los disparos aleatorios de la restauración neuronal, como haríamos con sucesos perceptuales si estuviéramos despiertos. Quizá el hipocampo es responsable de trasladar las memorias desde el almacén de trabajo al almacén a largo plazo (desde la conciencia inmediata a la memoria). De esta forma somos conscientes de esas secuencias de disparos, y recordamos la experiencia suficientemente bien para contársela a nuestros amigos.

Ha sido una idea durante mucho tiempo que los sueños tienen un significado especial. Freud, por supuesto, hizo de esto una pieza central de su terapia. Distinguió entre el contenido manifiesto (el significado superficial o aparente) y el contenido latente (el significado más profundo y simbólico), y creyó que un psiquiatra podría interpretar los sueños para descubrir las necesidades o preocupaciones más profundas de un paciente, aquellas que podrían ser demasiado inconfortables para enfrentarse a ellas, incluso en los propios sueños.

Si una persona sueña con cosas que provocan ansiedad, parece razonable creer que esta sufre ansiedad. Si hay ciertos escenarios en nuestros sueños que nos causan ansiedad, quizá esto son cuestiones importantes para nosotros. Yo, por ejemplo, sueño frecuentemente con ser criticado o evaluado o humillado frente a una audiencia. Eso ciertamente tiene sentido para mi. También sueño un poco con mudarme des una casa a otra. A pesar de que he vivido en mi actual casa por 30 años, cuando era pequeño me mudaba frecuentemente. De forma que mis sueños tienen sentido, no solo como residuo diario, sino como indicadores de mi historia psicológica.

Fuente: Revista salud

Editado por: Lissa GF